El recorrido incluye paradas cuyo nombre intuyo y otras que no, pero de lo que si estoy seguro es del tren que he cojido. En la estación a la misma hora salían un montón de ellos con diferentes destinos, pero no he dudado ni un momento, este era el mio.
Parece como si todo el tiempo este tren me hubiera estado esperando para tomar su salida. Es un tren pequeño, confortable pero algo ruidoso y además está lleno de gente de la cual conozco sus nombres.
De repente la maquinista hace sonar su silbato y asoma la cabeza por la ventanilla, debajo de su gorra roja esconde una melena rubia que por efecto del aire deja escapar, me mira haciendo una mueca cómplice y emprende la marcha.
Creo que será un largo viaje, pero yo no tengo ningún tipo de prisa, la alta velocidad la dejo para otros.
